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lunes, 1 de julio de 2024

Cinco formas de hacer preguntas más inteligentes

Hacer preguntas de forma inteligente se está convirtiendo cada día más en una capacidad fundamental para las personas y las empresas. Los avances en Inteligencia Artificial (IA) han producido que pasemos de un esquema donde lo importante era tener respuestas inteligentes a otro donde lo que importa es la capacidad de hacer preguntas inteligentes. Quienes hayan trabajado con los nuevos sistemas de IA generativa como ChatGPT por ejemplo, habrán podido experimentar esto de primera mano. Además, los negocios se mueven en un entorno más rápido, en el cual abunda la información (las respuestas) y lo relevante es cómo llegarle a esa información de forma efectiva y ágil (las preguntas).


A raíz de lo anterior quiero compartir los principales puntos de un artículo que leí recientemente que me parece es muy valioso para estos fines. En el mismo, los profesores Arnaud Chevallier, Frédéric Dalsace, y Jean Louis Barsoux, basados en una investigación de varios años, proponen cinco tipos de preguntas que deberíamos conocer, saber plantear y balancear. Veamos brevemente cada una.


Investigativas

El primer tipo de preguntas que proponen son del estilo ¿Qué y por qué? Estas deben plantearse primero porque nos permiten clarificar el propósito de lo que estamos haciendo. Además nos permiten establecer qué debemos saber y aprender para alcanzar ese propósito establecido. Ejemplos de ellas ¿Qué queremos alcanzar realmente?, ¿Por qué sucedió esto?, ¿Cuáles son las causas y efectos de una situación? Este tipo de preguntas en última instancia busca identificar y analizar un problema o situación en profundidad.


Especulativas

Muchas veces es vital reformular un problema o buscar soluciones creativas para el mismo, para lo cual las preguntas especulativas son una excelente opción. En este caso hablamos de interrogantes como ¿Y si...?, ¿Qué más? Estas preguntas permiten abordar el problema o reto de forma más amplia y cómo decíamos buscar soluciones alternativas. Otros ejemplos serían ¿Cuáles otros escenarios podrían darse?, ¿Podemos hacer esto diferente?, ¿Qué cosas podemos simplificar, cambiar o eliminar?


Productivas 

En este caso las preguntas se orientan a evaluar la disponibilidad de talento, capacidades, tiempo y otros recursos con el fin de valorar la implementación de las soluciones propuestas. Acá estamos hablando del ¿Cómo?, ejemplo serían ¿Cómo podemos hacerlo?" "¿Cómo sincronizaremos nuestras acciones?". "¿Cómo mediremos los progresos?, ¿Cuál es el siguiente paso?, ¿Tenemos los recursos requeridos?


Interpretativas

Redefinir continuamente la cuestión central, ir más allá de la superficie y preguntar ¿De qué trata realmente este problema? es el objeto de las preguntas interpretativas. Estas preguntas caen muy bien después de las anteriores (investigativas, especulativas y productivas) porque permiten una especie de seguimiento. Muestras de este tipo serían ¿Cuál debería ser nuestro objetivo central?, ¿Cómo esto se alinea con nuestra meta?, ¿Qué podemos aprender de esta nueva información?


Subjetivas

Finalmente los autores proponen dejar espacio para preguntas que lidien con las reservas personales, frustraciones, tensiones y agendas ocultas que pueden desviar la toma de decisiones, es decir con aspectos emocionales. Usualmente no son temas que se hablen de forma explicita en los negocios, pero la experiencia demuestra que son muy importantes de considerar. Algunas de ellas son ¿Cómo nos sentimos realmente con esta situación?, ¿Qué aspectos nos preocupan?, ¿Estamos todos realmente alineados?, ¿Le hemos consultado a las personas correctas?


Conociendo este tipo de preguntas, tratando de balancear el tiempo que dedicamos a cada una, compartiéndolas con nuestros equipos y promoviendo que todas las personas las tengan en cuenta, podemos mejorar individual y colectivamente nuestra capacidad de preguntas de forma más inteligente.


Si gusta leer el artículo completo (en inglés) le dejo la referencia a continuación: 

Arnaud Chevallier, Frédéric Dalsace, y Jean Louis Barsoux. "The art of asking smarter questions". Harvard Business ReviewMay–June 2024









 









martes, 21 de junio de 2022

Procrastinar moderadamente puede mejorar su creatividad

Empecemos por definir procrastinar, pues me parece que es un verbo poco conocido (aunque frecuentemente todos procrastinamos). Según la Real Academia Española es "diferir o aplazar". Podemos ampliarlo un poquito señalando que es aplazar el inicio o el progreso de una tarea.


Aunque está muy extendida la idea que procrastinar no es bueno, una reciente investigación de los profesores Jihae Shin y Adam Grant efectuada simultáneamente en Estados Unidos y Corea del Sur encontró que hasta cierta medida procrastinar puede ser beneficioso para la creatividad. Técnicamente hablando lo que encontraron fue una relación curvilínea entre procrastinación y creatividad. 


La investigación se basó en experimentos y una encuesta. En Estados Unidos utilizaron experimentos, invitaron estudiantes universitarios y les pidieron que resolvieran algunos retos relacionados a temas de emprendimiento bajo ciertas condiciones, pero los tentaron a procrastinar poniéndoles vídeos graciosos de YouTube mientras se suponía deberían estar resolviendo los retos. Como eran experimentos de laboratorio pudieron manipular "cuanta tentación" le ponían a las personas y dividirlas en grupos acorde a ello. El resultado fue que los participantes sometidos a condiciones de procrastinación moderada generaron más ideas creativas  que las personas sometidas a baja o alta procrastinación. 


En Corea la investigación fue con empleados de una empresa de muebles a quienes se les pasó una encuesta para que respondieran cuánto procrastinaban en su trabajo. Posteriormente se pasó otra encuesta a los supervisores de esos empleados (ambas encuestas de forma separada y anónima) para que calificaran el nivel de creatividad que percibían de cada uno de los empleados. Al unir las respuestas se vio un efecto similar al de los experimentos. Las personas que dijeron procrastinar moderadamente fueron calificados como más creativas por sus supervisores en contraste a los altos o bajos procrastinadores.


¿Entonces todos a procrastinar? No tan rápido. En primer lugar recordemos que los resultados fueron positivos en "procrastinación moderada". Quizá el mensaje de fondo de la investigación es que en el proceso creativo siempre necesitamos un período de tiempo en el cual el reto, problema o necesidad que necesitamos afrontar de forma creativa requiere "ser absorbido" en nuestra mente sin presiones ni restricciones de tiempo. A veces queremos ser creativos e innovadores contra el reloj, pero este resultado podría estar diciéndonos algo así como primero veamos esto sin premuras, dejemos que el proceso de incubación mental que predispone a la creatividad corra en nuestra mente. Dejemos que esa idea fluya por el subconsciente y no apresuremos las cosas en esta etapa. Procrastinemos un poco para ganar este tiempo de "absorción".


Si gusta leer el artículo completo (en inglés) esta es la referencia:


Jihae Shin and Adam M. Grant. "When Putting Work Off Pays Off: The Curvilinear Relationship between Procrastination and Creativity". Academy of Management Journal 2021, Vol. 64, No. 3, pp. 772–798. https://doi.org/10.5465/amj.2018.1471